El parque tecnológico y La Cartuja (Pickman)

La emblemática fábrica de loza La Cartuja Pickman vuelve a respirar tras la apuesta del empresario Javier Targhetta y el grupo inversor Luksic. Queremos aprovechar este hito empresarial para poner en valor el papel que jugó en nuestra Isla, la Isla de la Cartuja, en un capítulo que nos gusta titular «La Isla de la Innovación«. 
 

Foto ilustrativa del blog publicada en la página web de La Cartuja de Sevilla.

Sevilla es pasado, es presente y es futuro.
En estos días en los que parecía que se volvía a cerrar una puerta para una de las industrias más emblemáticas de la ciudad, la fábrica de loza La Cartuja de Sevilla (La Cartuja Pickman), se abre una ventana. 
La apuesta del grupo inversor Luksic y el empresario Javier Targhetta hace respirar a la que es una de las grandes marcas de Sevilla.

Queremos aprovechar este hito empresarial para la ciudad para poner en valor el papel que La Cartuja Pickman jugó en nuestra Isla, la Isla de la Cartuja, en un capítulo que nos gusta titular «La Isla de la Innovación«.

En 1248 Sevilla fue reconquistada, tras más de 500 años de dominio árabe, por el Rey Fernando III de Castilla y León, el “Rey Santo” y actual patrón de la ciudad. En aquella época, la Cartuja era una extensa tierra justo a las afueras de la ciudad, separada por sus murallas y el río, e históricamente dedicada al cultivo y la ganadería, que aprovechaba eficazmente la fertilidad que le proporcionaba el paso del Guadalquivir. También era una importante zona de paso hacia la Vía de la Plata del Oeste peninsular. 

Pero los almohades descubrieron también en esa zona de la Cartuja las bondades de una tierra rica en barros y arcillas para desarrollar allí una avanzada industria de la cerámica. Lo hacían mediante la construcción de cuevas en el suelo, que se usaban como hornos alfareros para fabricar sus múltiples productos artesanales, apreciados en todo Al-Andalus.
Fue en esa misma fecha, en 1248, en las que, narran los cronistas, apareció la talla de una Virgen en uno de los alfares almohades de la zona. Para venerar esta sorprendente imagen, llamada por ello Santa María de Las Cuevas, los franciscanos construyeron una ermita que mantuvo siempre ese misterio sobre el origen de aquella Virgen, aparecida en un horno cerámico de “infieles”.

Siglo y medio después, en 1399, el arzobispo de la ciudad, Gonzalo de Mena, fundó el actual Monasterio de Santa María de las Cuevas (Monasterio de La Cartuja), que se convirtió en corazón y símbolo de una zona de la ciudad.

En 1841 la conocida familia Pickman, aprovechando la desamortización de bienes eclesiásticos de Mendizábal, instaló la fábrica de loza en el interior del monasterio cartujo de Santa María de Las Cuevas. Desde la fundación de la fábrica se implantaron procedimientos nuevos de origen extranjero que exigían plantas industriales tan diferentes como alejadas en concepción de los obradores cerámicos tradicionales de Triana, muy próximos al Monasterio de La Cartuja. 

Charles Pickman, y posteriormente su hijo Ricardo, establecieron métodos fabriles novedosos como la importación de materias primas, el empleo intensivo del molde, el uso de maquinaria especializada como los brazos mecánicos y las prensas de estampación para los decorados, el trabajo de operarios especialistas ingleses y toda la experiencia ceramista del fundador que supuso el éxito inicial de la fábrica .

La actividad desarrollada en la fábrica de cerámica convirtió ya entonces a la Isla de la Cartuja en el epicentro de la innovación de Sevilla. Su carácter innovador se mantiene hasta el día de hoy, ocho siglos después.

Puedes encontrar este capítulo y otros más de la historia de Sevilla TechPark en nuestra AUDIOGUÍA.

Fuente:   
Junta de Andalucía. Archivos. (Fábrica de loza La Cartuja Pickman, S. A.)